Capítulo dos:
Cualquier adolescente normal despierta con el sonido del maldito
despertador, pero como yo solo tengo la parte de adolescente porque mi vida no
se puede considerar como "normal", desperté con un dulce chorro de
agua impactando mi rostro.
Abro los ojos, mi vista se vuelve borrosa y lo primero que diviso es
al estúpido de mi hermano, Chad.
Voy a matarlo, juro que voy a matarlo.
—¡Chad!— el muy imbécil no hacía más que reír tomándose su estomago
de una forma exagerada.
—Buenos días
querida hermanita—dijo apoyado en mi puerta.
—¡NO TIENEN NADA
DE BUENOS!—Grité.
Sequé con la
almohada mi rostro mojado y miré de reojo mi reloj, no puede ser.
¡SON LAS SEIS DE LA MAÑANA!
Cerré mis ojos,
los abrí y nada. Seguían siendo las seis. Volví a cerrarlos pero esta vez me
los refregué—quizás no vi bien y en realidad era un ocho...—Los abrí
nuevamente y no. El maldito reloj seguía marcando las malditas seis de la
mañana.
¡ME DESPERTÓ DOS
HORAS ANTES!
—¡SAL DE MI
HABITACIÓN AHORA!— grité aún más fuerte, lanzándole mi reloj por la cabeza,
pero fue más rápido y lo esquivó, produciendo un ruido sordo y miles de piezas
saltando en distintas direcciones.
Pasaron unos
segundos y se escucharon los murmullos de papá en el piso de abajo. Luego solo
oí el golpe del palo de escobillón que impactaba con el techo.
Bienvenidos a la vida de Alex, donde es más posible que vuele una
vaca, antes de que tenga un buen despertar.
Si las princesas
despiertan con el dulce canto de los pájaros, yo despierto con el dulce golpe
del palo de escobillón.
Chad levantó sus
brazos en son de paz y luego habló.
—Está bien,
cálmate. Es que te veías tan dulce dormida que entendí que mi labor de hermano
mayor tenía que ser cumplida—abrió la puerta y me miró sobre su hombro—Me voy a
encontrar con unos amigos... y —hizo una pausa como imaginando algo— unas amigas — guiñó un ojo y atravesó la puerta.
Pensé que eso
sería todo, pero en menos de cinco segundos su horrible rostro apareció
nuevamente por mi puerta.
—Deséame suerte
hermanita, quizás encuentre nueva novia.
Y Dicho eso, se
dio media vuelta y desapareció de mi vista.
Chad, es el
típico mujeriego que atrae vírgenes y prostitutas, si contara las innumerables
mujerzuelas que he corrido de nuestra antigua casa por él no acabaría nunca. No
puedo creer que a pesar de la muerte de mamá siga comportándose como un niño de
tres años aunque bueno, solo yo podría sentirme mal con respecto a su muerte.
Solo yo.
Me levanté en
busca de un suéter para dejar sobre mi almohada mojada y así poder continuar
durmiendo pero tropecé con una zapatilla enviando mi rostro directamente al
suelo.
Genial, mi día cada vez mejor más.
Me levanté sin
ánimos y sin una pizca de sueño. Malditas mañanas, maldita vida, maldita
zapatilla, maldito Chad que me levanta antes de tiempo, maldito instituto,
malditos TODOS.
Tomé mi móvil y
vi que tenía un mensaje de Kate que citaba <<Nos vemos en el instituto
debo acompañar a mamá antes de llegar ahí>>
Dejé mi móvil
sobre la mesita de noche y di un gran suspiro. Está claro que no podré seguir
dormida y todo esto es por culpa de Chad. Caminé perezosamente al baño y me
dispuse a dar una ducha. Luego de treinta minutos de relajo sin interrupciones,
salí del baño envuelta en una toalla. Tomé de mi cajón lo primero que pillé.
Una sudadera de mi grupo favorito y unos jeans oscuros.
Digamos que no
soy de esas típicas adolescentes superficiales que lo único que les preocupa es
verse atractivas para el asqueroso género masculino. Recuerdo la última vez que
alguien intentó ligar conmigo. Eso fue igual a: yo denunciada por violencia, un
morboso llorón y una nariz rota.
Está bien lo admito fue más que una nariz rota
Además del
regaño que me llevé por mi padre. Nadie nunca me entenderá, nadie nunca sabrá
la razón por la cual soy así y creo que es mejor que nadie lo sepa.
Me miré al
espejo y mi reflejo me asustó. Estaba pálida y ni siquiera mis ojos azules
amortiguaban las bolsas que tenía bajo ellos. Apreté con mis manos mis mejillas
para que tomaran un poco de color y apliqué máscara en mis pestañas. Sin
necesitar nada más bajé las escaleras para comenzar al parecer con mi tedioso
día. Al llegar a la cocina encontré a mi padre desayunando con el pequeño
demonio, Ángel. Sí, Ángel. Irónico ¿no? Es increíble como tu pequeño hermano de
siete años puede ser la reencarnación de anabelle, en cuerpo y alma.
Me senté junto a
ellos y fijé mi vista en la comida. Tenían preparado pancakes. En la mesa había
cereales, leche y chocolate...
—Hola hermanita,
veo que aún enloqueces por esa cosa—ángel me miraba de forma extraña. No, no de
una forma extraña. Me miraba como un niño normal.
O el chocolate era popo de perro o este pequeño estaba tramando
algo.
Ignoré su
comentario y desayuné rápidamente porque mi padre tenía que llevar a Ángel a su
escuela. Papá como siempre no habló nada, desde la muerte de mamá que él no es
igual; se volvió más cerrado, no demuestra cómo se siente realmente, bueno creo
que todos nos sentimos así, pero de algún modo lo superamos con algo... supongo
que toda su tristeza la bloquea con trabajo, y si digo trabajo es porque con
suerte lo veo a la hora de desayunar y la cena.
Se levantó de la
mesa sacándome de mis pensamientos y se despidió con un beso en mi mejilla.
—Adiós que
tengan un buen día y procuraré ser buena con todo aquel que se cruce por mi
camino, pero no prometo nada...—les dije y papá dio un suspiro.
Papá sabe que mi
comportamiento durante estos últimos tres años ha sido desastroso. No admito
que ningún chico se me acerque, el sarcasmo ha aumentado notoriamente y mi
paciencia es igual a cero.
Desordené el
cabello de ángel y le lancé un disparo imaginario, sí así nos despedimos. Tomó
su corazón imitando dolor por el disparo y prosiguió a marcharse, lo admito
ángel es peor que... Todos los dioses revueltos, pero aún así lo adoro. Me
levanté de la mesa, dejando los platos en el lavadero, cogí mi móvil, mi bolso
y salí de casa para subir a mi...
¡Demonios! ¿Dónde está mi motocicleta?
En su lugar
estaba el auto de Chad...Claro. Seguro que quería impresionar a sus amigas y
por eso tomó mi motocicleta, pero esto no se quedará así, claro que no. Le
arrancaré lentamente sus órganos y los venderé en el mercado negro, sí, ¡eso
haré!
Entré furiosa a
la casa tomé sus llaves y salí para subir a su chatarra cuando... veo a papá
aún estacionado fuera de la casa, tomando frustradamente su rostro. Oh no, él
sólo se pone así cuando ángel hace alguna travesura y, si mis hipótesis son
correctas eso era lo que había hecho. Busqué a ángel con la mirada y lo divise
sentado en la acera de enfrente con una sonrisa maléfica en su rostro, es como
la sonrisa del monstruo de scary movie o peor.
Me acerqué a
papá para preguntar qué había pasado, en fin tengo bastante tiempo gracias a
Chad.
— ¿Qué hizo
ahora?—pregunté.
—Esto—apuntó
hacia las ruedas de su auto y dios...
estaban totalmente desinfladas.
Sin querer se
escapó una leve sonrisa de mi rostro, ángel es mi ídolo algún día tengo que
hacerle esto a alguien.
—No te rías
Alex, ¿ahora como iré al trabajo?—dijo frustrado.
—Vale— me encogí
de hombros— Ten. Coge el auto de Chad yo puedo ir caminando.
Le entregué las
llaves. Las recibió frustrado y yo me acerqué a ángel.
—Tú pequeño
demonio, me ayudarás a jugar una broma como ésta, cuando encuentre a un ser más
inepto que Chad— dije chocando nuestros puños.
Se subieron al
auto y yo me dirigí al instituto pero no crean que se me olvida lo que hizo
Chad, los órganos no serán nada comparado con lo que pensaré hacer con él.
(…)
Llegué al
instituto beacons pensando en las mil y un formas de asesinar a Chad, cuando de
pronto lo divisé. A él y su ridícula forma de coquetear con chicas.
— ¡Chad!—grité.
Se giró hacia mí
y su rostro se tornó pálido. Pude notar como sus labios susurraban
"mierda". Llegué tan rápidamente a su lado que no tuvo tiempo de
correr.
— ¡Chad!
Entrégame las llaves de mi moto—grité aún más fuerte para avergonzarlo.
Miré a su lado y
me di cuenta de una pelirroja que me miraba asqueada.
—Y tú ¿Qué
miras?— le dije. La pelirroja me miró ofendida y parecía que le costaba procesar
mis palabras.
—Tic toc, ups
creo que fue una pregunta muy compleja para tu pequeño cerebro. Cuidado creo
que sale humo desde allí— Dije indicándole su cabeza. La chica abrió sus ojos como
platos y al fin logró hablar.
—Hum... miro tu
horrenda manera de vestir.
Lo que me
faltaba, probablemente ésta chica tenga el coeficiente intelectual de una piedra.
Ilumínala señor y sí, me refiero a que envíes un rayo y que caiga
justo sobre ella.
—Silencio. Chad
mis llaves ahora — tomó las llaves de su bolsillo y me las entregó con una
mirada de vergüenza.
Di media vuelta
y caminé un par de pasos, pero luego retrocedí otros mirando por sobre mi hombro
a Chad. Él sólo me dedicó una mirada confusa.
—Chad...— pensé
por unos segundos y elevé la voz—llamó tu doctor—mentí—dijo que debías comenzar
luego el tratamiento para los herpes que tienes en las bolas. Es lamentable
verte rascarlas cada cinco segundos, deberías...—apreté mis labios para
aguantar la risa, todo esto me lo inventé—Deberías ir, créelo todos te
apoyamos...
Una vez visto el
rostro desfigurado de Chad, caminé hacia la entrada del instituto orgullosa.
¿Creías que ibas a salir ileso de esto hermanito?
Seguí caminando
pero las miradas de todos no se aportaban de mí. Fue ahí cuando sentí que me
tomaron del brazo. Maldito Chad.
— ¿Qué
quie...?—No alcancé a terminar la frase porque me di cuenta que no era Chad.
En su lugar
estaba un chico de cabello castaño claro, ojos grises que por alguna razón me
eran muy familiares, estatura 1,80 aproximadamente, y una sonrisa que
seguramente derrite hasta al ice Berg más grande. Es realmente atractivo pero
al mismo tiempo... Misterioso e ¿intimidante? Sus botas negras, acompañados de
sus vaqueros también negros provocan que emane un alto nivel de peligro, puedo
sentirlo. Volvió su agarre más fuerte y me acercó a su cuerpo.
— ¿Quién eres
tú? Jamás te había visto por acá— susurró con voz ronca, excesivamente masculina.
Mis ojos se
quedaron retenidos en su abdomen que lucía exageradamente trabajado, me llevó
varios minutos al parecer, quitarlos de ese lugar porque habló antes que mí
sonriendo.
— ¿Quieres tocar?
Porque algunas chicas recomiendan cien por ciento este cuerpo— sonrió
mostrándome sus hoyuelos y luego llevó mi mano hacia su abdomen riendo.
Es una broma. No
te atreviste a hacer eso. Zafe mi brazo de su agarre y le di un empujón.
—Suéltame. Ten
por seguro que no deseo nada de tu cuerpo, ni hoy ni jamás— le dediqué mi peor
mirada de desprecio y seguí mi camino pero tomó mi muñeca y me retuvo contra su
cuerpo. Sus ojos grises se impregnaron hasta el fondo de mi alma produciendo
una extraña sensación en mi estómago.
—Me recuerdas a
los gatitos, salvaje pero adorable. Joder, es el primer día y ya me estoy
divirtiendo. Definitivamente nos veremos más tarde— susurró. Sus palabras eran
como un balde de agua fría lanzado a mi rostro. Me zafé nuevamente de su agarre
para luego caminar hacia el instituto.
—Acabas de romper
mi corazón princesita, ¿o te llamo gatita? Joder, creo que definitivamente me
quedo con el gatita ¿ME DIRÁS TU NOMBRE GATITA?—gritó y todos a nuestro alrededor
quedaron observando la escena.
Me giré y mis
labios le susurraron un ‘’no’’ para luego rodar mis ojos. ¿Gatita? ¿Cómo se
atreve? Escribí mentalmente en mi libreta de advertencias mantenerme alejada de don arrogancia. Sí, ese será mi nuevo apodo
para él. Aunque fácilmente podría ser don lengua viperina pero me quedo con
arrogancia, es algo que lo caracteriza y que emana todo su cuerpo sin duda. Lo
que me faltaba para completar mi día…
Evité las
miradas sorprendidas de algunas chicas y caminé por los pasillos en busca de la
secretaria. Una vez que llegué allí di mi nombre y me entregaron una hoja con
todas mis asignaturas. Caminé de vuelta en busca de mi casillero número
"312", sí "312" eso quiere decir que caminé demasiado para
poder encontrar el casillero. Cuando al fin lo encontré lo abrí y coloqué los
cuadernos que me tocaban hoy. Lo cerré quedando solo con mi libro de biología.
Al girarme me sobresalte al ver a una rubia de ojos verdes que me miraba con
una gran sonrisa.
—¡Kate! — dije a
mi amiga dándole un gran abrazo.
—¡Alex! ¿Lista
para tu mejor primer día de clases?— dijo enarcando las cejas con un tono
seductor en su voz.
—Lista y
preparada para la guerra— respondí. Me estrechó su brazo y juntas entramos al
salón.
(…)
Después de
varios minutos de una larga conversación sobre cómo estaba respecto a la muerte
de mi madre, mi antiguo instituto y cosas cotidianas tocaron por fin la campana
para dar el comienzo de clases; Nos sentamos alado de la ventana varios lugares
atrás.
Pasaron unos
minutos cuando ingresó el profesor, tenía una credencial en su delantal que
citaba "Christian Morrison, profesor de biología". Era alto y sus
ojos eran verdes grisáceos, se veía aproximadamente de unos cuarenta años.
Comenzó la clase dando un sermón sobre no llegar tarde, no comer, no hablar,
prácticamente solo respirar, vaya creo que no nos llevaremos bien.
Estaba a la
mitad de su sermón cuando un golpe interrumpe la puerta, mejor dicho varios
golpes, agradezco a quien sea porque si no paraba de hablar yo misma le metería
su zapato en la boca. No le dio tiempo de abrir la puerta porque quien estaba
de el otro lado ya la había abierto por él. El profesor salió fuera y solo se
podían escuchar sus gritos.
—Señor Dawson estas
no son horas de llegar.
—Morrison
querido, tu sabes que echar un polvo en el baño no es fácil— demonios, esa voz
me es familiar pero no, el mundo no me puede odiar tanto.
Ignoré sus
gritos y comencé a garabatear flores en mi cuaderno. Estaba concentrada en mi
dibujo cuando el golpe de la puerta rompió por completo mi concentración. Elevé
mi vista y mis músculos se tensaron. Es oficial, definitivamente el mundo me
odia. Era él, el idiota de esta mañana, mejor conocido como don arrogancia.
