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viernes, 12 de agosto de 2016

#Mveui - Cap 2.

Capítulo dos:

Cualquier adolescente normal despierta con el sonido del maldito despertador, pero como yo solo tengo la parte de adolescente porque mi vida no se puede considerar como "normal", desperté con un dulce chorro de agua impactando mi rostro.
Abro los ojos, mi vista se vuelve borrosa y lo primero que diviso es al estúpido de mi hermano, Chad.
Voy a matarlo, juro que voy a matarlo.
—¡Chad!— el muy imbécil no hacía más que reír tomándose su estomago de una forma exagerada.
—Buenos días querida hermanita—dijo apoyado en mi puerta.
—¡NO TIENEN NADA DE BUENOS!—Grité.
Sequé con la almohada mi rostro mojado y miré de reojo mi reloj, no puede ser.
¡SON LAS SEIS DE LA MAÑANA!
Cerré mis ojos, los abrí y nada. Seguían siendo las seis. Volví a cerrarlos pero esta vez me los refregué—quizás no vi bien y en realidad era un ocho...—Los abrí nuevamente y no. El maldito reloj seguía marcando las malditas seis de la mañana.
¡ME DESPERTÓ DOS HORAS ANTES!
—¡SAL DE MI HABITACIÓN AHORA!— grité aún más fuerte, lanzándole mi reloj por la cabeza, pero fue más rápido y lo esquivó, produciendo un ruido sordo y miles de piezas saltando en distintas direcciones.
Pasaron unos segundos y se escucharon los murmullos de papá en el piso de abajo. Luego solo oí el golpe del palo de escobillón que impactaba con el techo.
Bienvenidos a la vida de Alex, donde es más posible que vuele una vaca, antes de que tenga un buen despertar.
Si las princesas despiertan con el dulce canto de los pájaros, yo despierto con el dulce golpe del palo de escobillón.
Chad levantó sus brazos en son de paz y luego habló.
—Está bien, cálmate. Es que te veías tan dulce dormida que entendí que mi labor de hermano mayor tenía que ser cumplida—abrió la puerta y me miró sobre su hombro—Me voy a encontrar con unos amigos... y —hizo una pausa como imaginando algo— unas amigas — guiñó un ojo y atravesó la puerta.
Pensé que eso sería todo, pero en menos de cinco segundos su horrible rostro apareció nuevamente por mi puerta.
—Deséame suerte hermanita, quizás encuentre nueva novia.
Y Dicho eso, se dio media vuelta y desapareció de mi vista.
Chad, es el típico mujeriego que atrae vírgenes y prostitutas, si contara las innumerables mujerzuelas que he corrido de nuestra antigua casa por él no acabaría nunca. No puedo creer que a pesar de la muerte de mamá siga comportándose como un niño de tres años aunque bueno, solo yo podría sentirme mal con respecto a su muerte. Solo yo.
Me levanté en busca de un suéter para dejar sobre mi almohada mojada y así poder continuar durmiendo pero tropecé con una zapatilla enviando mi rostro directamente al suelo.
Genial, mi día cada vez mejor más.
Me levanté sin ánimos y sin una pizca de sueño. Malditas mañanas, maldita vida, maldita zapatilla, maldito Chad que me levanta antes de tiempo, maldito instituto, malditos TODOS.
Tomé mi móvil y vi que tenía un mensaje de Kate que citaba <<Nos vemos en el instituto debo acompañar a mamá antes de llegar ahí>>
Dejé mi móvil sobre la mesita de noche y di un gran suspiro. Está claro que no podré seguir dormida y todo esto es por culpa de Chad. Caminé perezosamente al baño y me dispuse a dar una ducha. Luego de treinta minutos de relajo sin interrupciones, salí del baño envuelta en una toalla. Tomé de mi cajón lo primero que pillé. Una sudadera de mi grupo favorito y unos jeans oscuros.
Digamos que no soy de esas típicas adolescentes superficiales que lo único que les preocupa es verse atractivas para el asqueroso género masculino. Recuerdo la última vez que alguien intentó ligar conmigo. Eso fue igual a: yo denunciada por violencia, un morboso llorón y una nariz rota.
Está bien lo admito fue más que una nariz rota
Además del regaño que me llevé por mi padre. Nadie nunca me entenderá, nadie nunca sabrá la razón por la cual soy así y creo que es mejor que nadie lo sepa.
Me miré al espejo y mi reflejo me asustó. Estaba pálida y ni siquiera mis ojos azules amortiguaban las bolsas que tenía bajo ellos. Apreté con mis manos mis mejillas para que tomaran un poco de color y apliqué máscara en mis pestañas. Sin necesitar nada más bajé las escaleras para comenzar al parecer con mi tedioso día. Al llegar a la cocina encontré a mi padre desayunando con el pequeño demonio, Ángel. Sí, Ángel. Irónico ¿no? Es increíble como tu pequeño hermano de siete años puede ser la reencarnación de anabelle, en cuerpo y alma.
Me senté junto a ellos y fijé mi vista en la comida. Tenían preparado pancakes. En la mesa había cereales, leche y chocolate...
—Hola hermanita, veo que aún enloqueces por esa cosa—ángel me miraba de forma extraña. No, no de una forma extraña. Me miraba como un niño normal.
O el chocolate era popo de perro o este pequeño estaba tramando algo.
Ignoré su comentario y desayuné rápidamente porque mi padre tenía que llevar a Ángel a su escuela. Papá como siempre no habló nada, desde la muerte de mamá que él no es igual; se volvió más cerrado, no demuestra cómo se siente realmente, bueno creo que todos nos sentimos así, pero de algún modo lo superamos con algo... supongo que toda su tristeza la bloquea con trabajo, y si digo trabajo es porque con suerte lo veo a la hora de desayunar y la cena.
Se levantó de la mesa sacándome de mis pensamientos y se despidió con un beso en mi mejilla.
—Adiós que tengan un buen día y procuraré ser buena con todo aquel que se cruce por mi camino, pero no prometo nada...—les dije y papá dio un suspiro.
Papá sabe que mi comportamiento durante estos últimos tres años ha sido desastroso. No admito que ningún chico se me acerque, el sarcasmo ha aumentado notoriamente y mi paciencia es igual a cero.
Desordené el cabello de ángel y le lancé un disparo imaginario, sí así nos despedimos. Tomó su corazón imitando dolor por el disparo y prosiguió a marcharse, lo admito ángel es peor que... Todos los dioses revueltos, pero aún así lo adoro. Me levanté de la mesa, dejando los platos en el lavadero, cogí mi móvil, mi bolso y salí de casa para subir a mi...
¡Demonios! ¿Dónde está mi motocicleta?
En su lugar estaba el auto de Chad...Claro. Seguro que quería impresionar a sus amigas y por eso tomó mi motocicleta, pero esto no se quedará así, claro que no. Le arrancaré lentamente sus órganos y los venderé en el mercado negro, sí, ¡eso haré!
Entré furiosa a la casa tomé sus llaves y salí para subir a su chatarra cuando... veo a papá aún estacionado fuera de la casa, tomando frustradamente su rostro. Oh no, él sólo se pone así cuando ángel hace alguna travesura y, si mis hipótesis son correctas eso era lo que había hecho. Busqué a ángel con la mirada y lo divise sentado en la acera de enfrente con una sonrisa maléfica en su rostro, es como la sonrisa del monstruo de scary movie o peor.
Me acerqué a papá para preguntar qué había pasado, en fin tengo bastante tiempo gracias a Chad.
— ¿Qué hizo ahora?—pregunté.
—Esto—apuntó hacia las ruedas de su auto y dios... estaban totalmente desinfladas.
Sin querer se escapó una leve sonrisa de mi rostro, ángel es mi ídolo algún día tengo que hacerle esto a alguien.
—No te rías Alex, ¿ahora como iré al trabajo?—dijo frustrado.
—Vale— me encogí de hombros— Ten. Coge el auto de Chad yo puedo ir caminando.
Le entregué las llaves. Las recibió frustrado y yo me acerqué a ángel.
—Tú pequeño demonio, me ayudarás a jugar una broma como ésta, cuando encuentre a un ser más inepto que Chad— dije chocando nuestros puños.
Se subieron al auto y yo me dirigí al instituto pero no crean que se me olvida lo que hizo Chad, los órganos no serán nada comparado con lo que pensaré hacer con él.

(…)
Llegué al instituto beacons pensando en las mil y un formas de asesinar a Chad, cuando de pronto lo divisé. A él y su ridícula forma de coquetear con chicas.
— ¡Chad!—grité.
Se giró hacia mí y su rostro se tornó pálido. Pude notar como sus labios susurraban "mierda". Llegué tan rápidamente a su lado que no tuvo tiempo de correr.
— ¡Chad! Entrégame las llaves de mi moto—grité aún más fuerte para avergonzarlo.
Miré a su lado y me di cuenta de una pelirroja que me miraba asqueada.
—Y tú ¿Qué miras?— le dije. La pelirroja me miró ofendida y parecía que le costaba procesar mis palabras.
—Tic toc, ups creo que fue una pregunta muy compleja para tu pequeño cerebro. Cuidado creo que sale humo desde allí— Dije indicándole su cabeza. La chica abrió sus ojos como platos y al fin logró hablar.
—Hum... miro tu horrenda manera de vestir.
Lo que me faltaba, probablemente ésta chica tenga el coeficiente intelectual de una piedra.
Ilumínala señor y sí, me refiero a que envíes un rayo y que caiga justo sobre ella.
—Silencio. Chad mis llaves ahora — tomó las llaves de su bolsillo y me las entregó con una mirada de vergüenza.
Di media vuelta y caminé un par de pasos, pero luego retrocedí otros mirando por sobre mi hombro a Chad. Él sólo me dedicó una mirada confusa.
—Chad...— pensé por unos segundos y elevé la voz—llamó tu doctor—mentí—dijo que debías comenzar luego el tratamiento para los herpes que tienes en las bolas. Es lamentable verte rascarlas cada cinco segundos, deberías...—apreté mis labios para aguantar la risa, todo esto me lo inventé—Deberías ir, créelo todos te apoyamos...
Una vez visto el rostro desfigurado de Chad, caminé hacia la entrada del instituto orgullosa.
¿Creías que ibas a salir ileso de esto hermanito?
Seguí caminando pero las miradas de todos no se aportaban de mí. Fue ahí cuando sentí que me tomaron del brazo. Maldito Chad.
— ¿Qué quie...?—No alcancé a terminar la frase porque me di cuenta que no era Chad.
En su lugar estaba un chico de cabello castaño claro, ojos grises que por alguna razón me eran muy familiares, estatura 1,80 aproximadamente, y una sonrisa que seguramente derrite hasta al ice Berg más grande. Es realmente atractivo pero al mismo tiempo... Misterioso e ¿intimidante? Sus botas negras, acompañados de sus vaqueros también negros provocan que emane un alto nivel de peligro, puedo sentirlo. Volvió su agarre más fuerte y me acercó a su cuerpo.
— ¿Quién eres tú? Jamás te había visto por acá— susurró con voz ronca, excesivamente masculina.
Mis ojos se quedaron retenidos en su abdomen que lucía exageradamente trabajado, me llevó varios minutos al parecer, quitarlos de ese lugar porque habló antes que mí sonriendo.
— ¿Quieres tocar? Porque algunas chicas recomiendan cien por ciento este cuerpo— sonrió mostrándome sus hoyuelos y luego llevó mi mano hacia su abdomen riendo.
Es una broma. No te atreviste a hacer eso. Zafe mi brazo de su agarre y le di un empujón.
—Suéltame. Ten por seguro que no deseo nada de tu cuerpo, ni hoy ni jamás— le dediqué mi peor mirada de desprecio y seguí mi camino pero tomó mi muñeca y me retuvo contra su cuerpo. Sus ojos grises se impregnaron hasta el fondo de mi alma produciendo una extraña sensación en mi estómago.
—Me recuerdas a los gatitos, salvaje pero adorable. Joder, es el primer día y ya me estoy divirtiendo. Definitivamente nos veremos más tarde— susurró. Sus palabras eran como un balde de agua fría lanzado a mi rostro. Me zafé nuevamente de su agarre para luego caminar hacia el instituto.
—Acabas de romper mi corazón princesita, ¿o te llamo gatita? Joder, creo que definitivamente me quedo con el gatita ¿ME DIRÁS TU NOMBRE GATITA?—gritó y todos a nuestro alrededor quedaron observando la escena.
Me giré y mis labios le susurraron un ‘’no’’ para luego rodar mis ojos. ¿Gatita? ¿Cómo se atreve? Escribí mentalmente en mi libreta de advertencias mantenerme alejada de don arrogancia. Sí, ese será mi nuevo apodo para él. Aunque fácilmente podría ser don lengua viperina pero me quedo con arrogancia, es algo que lo caracteriza y que emana todo su cuerpo sin duda. Lo que me faltaba para completar mi día…
Evité las miradas sorprendidas de algunas chicas y caminé por los pasillos en busca de la secretaria. Una vez que llegué allí di mi nombre y me entregaron una hoja con todas mis asignaturas. Caminé de vuelta en busca de mi casillero número "312", sí "312" eso quiere decir que caminé demasiado para poder encontrar el casillero. Cuando al fin lo encontré lo abrí y coloqué los cuadernos que me tocaban hoy. Lo cerré quedando solo con mi libro de biología. Al girarme me sobresalte al ver a una rubia de ojos verdes que me miraba con una gran sonrisa.
—¡Kate! — dije a mi amiga dándole un gran abrazo.
—¡Alex! ¿Lista para tu mejor primer día de clases?— dijo enarcando las cejas con un tono seductor en su voz.
—Lista y preparada para la guerra— respondí. Me estrechó su brazo y juntas entramos al salón.
(…)
Después de varios minutos de una larga conversación sobre cómo estaba respecto a la muerte de mi madre, mi antiguo instituto y cosas cotidianas tocaron por fin la campana para dar el comienzo de clases; Nos sentamos alado de la ventana varios lugares atrás.
Pasaron unos minutos cuando ingresó el profesor, tenía una credencial en su delantal que citaba "Christian Morrison, profesor de biología". Era alto y sus ojos eran verdes grisáceos, se veía aproximadamente de unos cuarenta años. Comenzó la clase dando un sermón sobre no llegar tarde, no comer, no hablar, prácticamente solo respirar, vaya creo que no nos llevaremos bien.
Estaba a la mitad de su sermón cuando un golpe interrumpe la puerta, mejor dicho varios golpes, agradezco a quien sea porque si no paraba de hablar yo misma le metería su zapato en la boca. No le dio tiempo de abrir la puerta porque quien estaba de el otro lado ya la había abierto por él. El profesor salió fuera y solo se podían escuchar sus gritos.
—Señor Dawson estas no son horas de llegar.
—Morrison querido, tu sabes que echar un polvo en el baño no es fácil— demonios, esa voz me es familiar pero no, el mundo no me puede odiar tanto.
Ignoré sus gritos y comencé a garabatear flores en mi cuaderno. Estaba concentrada en mi dibujo cuando el golpe de la puerta rompió por completo mi concentración. Elevé mi vista y mis músculos se tensaron. Es oficial, definitivamente el mundo me odia. Era él, el idiota de esta mañana, mejor conocido como don arrogancia.

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