Capítulo uno:
El camino a casa de infancia se me
hace difícil de recordar. Había olvidado por completo lo tranquilo que era este
lugar. A mamá le encantaba, mamá... es ridículo dejar nuestra antigua casa
porque nos traía muchos recuerdos de ella siendo que aquí tengo más recuerdos
de los que puedo soportar. Papá estaciona su auto tras el camión de mudanzas y
abro mi puerta para poder estirar mis piernas al fin. Mi hermano mayor, Chad, estaciona su coche en el garaje de la acogedora casa mientras que yo camino
hacia el camión en busca de mi motocicleta.
Un caballero de aproximadamente unos cuarenta años nos abre la
puerta trasera del camión y desliza una plataforma para que mi motocicleta
pueda bajar. La deslizo sobre la metálica plataforma y me monto en ella.
Acelero lo que más puedo y me dirijo a la casa de mi mejor amiga. Kate.
A veces es gratificante tener ese tipo de amigas en tu vida,
aquellas que a pesar de cualquier obstáculo siempre están ahí, para ti.
Aquellas que nunca te abandonan y que a pesar de que estés a miles de
kilómetros de distancia, nunca te olvidan. Bueno, así o mejor que todo aquello
era Kate. Siempre estuvo ahí para mí, desde la muerte de mi madre hasta los
horribles sucesos que conllevó aquello. A pesar de que no haya estado conmigo
físicamente siempre estuvo escribiéndome o llamándome. Siempre estuvo presente
e incluso me conoce mejor que mi propio padre. Estacioné fuera de su casa, bajé
de mi vehículo en dos ruedas y toqué su timbre. Al tercer tono ya tenía a una
Kate desquiciada y ansiosa asfixiándome de un abrazo.
—Alex, ¡dios por fin estás aquí!— chilló la rubia.
Me separé un poco de ella para tomar aire y respondí.
—Sí, acabo de llegar y pensé en saludarte, luego
papá tiene que ver los papeles para inscribirme en el instituto y esas cosas
así que no tendría tiempo de venir más tarde.
A penas las últimas palabras salieron de mi boca
comenzó a gritar nuevamente.
—Dime que irás al mismo instituto que yo, ¡por
favor! —comenzó a saltar en su lugar y yo respondí con miedo a su reacción.
—¿Instituto Beacons? — contuvo un grito y luego lo
soltó.
—¡SÍ, A ESE JODIDO INSTITUTO ASISTO YO! ¡SEREMOS
COMPAÑERAS!— gritó y me abrazó nuevamente.
—Jesús Kate, me matarás si sigues asfixiándome de
esta forma— espeté en medio de sus brazos. Se alejó poco a poco y sonrió.
—Sabes que las clases comienzan mañana, ¿no? ¿Y si
no aceptan tu ingreso debido a lo tarde que irás a inscribirte?—Preguntó.
Dí un suspiro y luego respondí. Lo tengo todo
planificado.
—No habrán problemas, además es un traslado de
instituto por ende deben aceptarme— Sentí mi móvil vibrar en el bolsillo de mis
vaqueros y supuse que era papá— Ahora debo irme papá me está llamando, aún no
desempacamos todo. ¿Nos vemos mañana en el instituto?— pregunté y le di un
cálido abrazo.
—Tómalo por hecho futura compañera— dijo riendo y
yo subí a mi motocicleta pero comenzó a hablarme.
—¿Tienes una motocicleta?— preguntó y se acercó
para observarla de cerca. Asentí— Vaya, el hermanastro de Lily ama las
motocicletas pero dudo que lo veas alguna vez, nunca asiste a clases y es un
odioso.
—¿Hermanastro de Lily? ¿Lily, la que le gustaba de
niño a Chad?—Asintió— ¿Asiste a nuestro institu...— y comenzó a llamar papá
nuevamente— Lo siento, debo irme adiós futura compañera. Nos vemos mañana,
deséame suerte— dije y aceleré de un golpe.
Conduje las dos cuadras de distancia que hay entre
la casa de Kate y la mía, y estacioné mi motocicleta junto al coche de Chad.
Divisé a ángel jugando con tierra en el jardín y sonreí para mis adentros. Me
dirigí al camión de mudanzas. Una vez que llegué me encontré con el ceño
fruncido de papá.
—Esta vez no diré nada, comienza a llevar tus cosas
y elige tu habitación— asentí sin decir más.
Tomé mi móvil conecté mis audífonos y reproduje un playlist
mientras bajaba mis cosas. La primera caja estaba realmente pesada, creo que
aquí van mis libros. Caminé hacia la casa y a medida que me acercaba oía la
palabra ‘’princesita’’ repetidas veces, supuse que era Chad, ya que siempre que
uso mi sudadera de ‘’NO soy una princesa
y no necesito ser salvada por ningún IDIOTA’’ comienza a burlarse de mí y a
llamarme princesita. Decidí no girarme y continuar con mi labor. Subí al
segundo piso y escogí la segunda habitación; tenía una ventana que daba a la
casa de alado y justo en medio de ambas casas había una especie de árbol
gigante que las unía de cierta forma. Recuerdo cuando mamá y yo jugábamos a las
escondidas y yo siempre subía a ese árbol para ocultarme, era mi fuerte secreto.
Ese definitivamente será mi nuevo lugar favorito. Dejé las cajas sobre el suelo
y bajé rápidamente para buscar las restantes. Al cabo de una hora tenía todas
mis cajas en la habitación.
Mientras papá llamaba a Martha su asistente, para
que fuera ella a ver el papeleo de nuestro instituto, pedí una pizza para
cenar. Soy consciente de que odio que papá envíe a su asistente para cualquier
situación que nos requiera a Chad, ángel o a mí, pero ahora solo quería un
pequeño momento en familia.
Cuando llegó la pizza todo estaba ordenado y en su
lugar. Nos sentamos en la mesa a comer y todos peleamos por el último trozo. No
hace falta decir que gané yo. Levanté los platos y los llevé al fregadero, una
vez que terminé de lavarlos llegó papá a la cocina indicándome que todo estaba
listo en el instituto. Solo debía retirar el horario con la secretaria y podría
comenzar con mis clases normales mañana mismo.
Le di las gracias y las buenas noches, porque
mañana sería un día muy largo. Subí a mi habitación, busqué un pijama y me
acosté pensando en las mil cosas que podrían suceder mañana, en las miles de
sucesos que podría traer mi nueva vida.
¿Será que al fin podré superarlo?
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